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lunes, 18 de octubre de 2010

Correo y Comunicación

Tecnologías de comunicación y el diálogo efectivo


Jorge Miguel Veizaga R.*

La capacidad de comunicación de los seres humanos es algo que probablemente sea considerado como un rasgo distintivo o – cuando menos – un rasgo fundamental de la condición humana. En efecto, desde la emisión de sonidos torpes, sin ritmo ni armonía, sin lógica alguna, hasta los diferentes lenguajes y sus complejos gramaticales, la capacidad de comunicación entre los hombres ha seguido un largo camino. Cualquier reseña sobre ese amplio tema, nos recordará las formas indirectas de comunicación que van desde las señales de humo, con antorchas, con banderas, hasta el desarrollo de la escritura plasmada en tablillas, papiros, quipus, y el moderno papel.

Y es aquí cuando surge el correo convencional. Cuando la tecnología para la fabricación del papel se expande y no solamente los gobernantes y otros pocos privilegiados pueden comunicar a través de pergaminos lacrados, sino también, con el paso del tiempo y en la medida en que el papel se hace más accesible, una gran mayoría de personas escribe cartas llenas de: deseos, ordenes, impresiones, afectos, odios, demandas y ofertas. Largas distancias son cubiertas entonces por el consolidado “servicio de correo”, aparecen entonces los sellos postales y se desarrolla toda una estructura burocrática para sostener al servicio de correo y así atender la necesidad – digamos – “natural” de las personas de relacionarse, entenderse y participar.


Para leer todo el artículo, sigue este: enlace

jueves, 22 de julio de 2010

Marcel Marceau y algo más que la apología del silencio…

(por: Jorge Miguel Veizaga R.)

No pretendo escribir uno más de los múltiples homenajes a Marcel Marceau, estoy seguro que hay quienes lo conocieron muy bien y saben muchísimo más que yo. No puedo – sin embargo – evitar el quedar consternado por la reciente y sentida partida del Gran Mimo, del artista. Su muerte además de hacerme pensar en ella como tal, me lleva a meditar en la vida, especialmente en la suya y su significado esencial.

Como se sabe, Marcel Mangel (así se llamó antes) pasó por la experiencia de la segunda guerra mundial. Siendo muy joven participó de la resistencia y en todo caso, conoció de cerca el “horroroso teatro de la guerra”, según afirma él mismo, tanto que en una entrevista a la par que admira el valor-inocencia de la juventud, aborrece totalmente la guerra, en sus palabras: « On ne peut pas faire du théâtre quand la guerre est là, parce que c’est un théâtre terrible… » ; « … parce que je ne veux plus la guerre, je déteste la guerre… ».



En 1944 comienza a formarse artísticamente con Etienne Decroux (aunque él ya había descubierto su pasión por el mimo muchos años antes influido por artistas como Chaplin, de quien afirma tenía la profundidad en la mirada que la mímica exige). Desde entonces, su capacidad innata fue desarrollándose y a través de “Bip”, el célebre personaje de Marceau, el arte del mimo verá un nuevo renacer.


El éxito de Marceau en el arte ha sido mundialmente aplaudido. Asimismo, él ha mostrado una clara coherencia entre su arte y su vida personal, involucrado y preocupándose por los problemas de toda la humanidad, fue Embajador de Buena Voluntad de las Naciones Unidas para la vejez y en última instancia se muestra preocupado por que el hombre pueda alcanzar una paz duradera, esto se ve claramente cuando dice: « … et puis… j’ai parfois une tristesse, en me disant : qu’est ce qu’on va devenir si le monde va évoluer aussi mal que ça ? Est-ce qu’on connaîtra un jour vraiment la paix éternelle ?».

Para leer todo el artículo:
MMarceau